viernes, 21 de octubre de 2011

Armario

Cada casa tiene un armario cargado de cosas.  Encima del armario hay cajas, paquetes, polvo y cosas pendientes.  En el estante dentro del armario hay más cajas, sábanas, toallas, unos chelitos escondidos y algunos recuerdos especiales que nos causan alegría y quizás algún que otro pesar.  Colgados del palo central tenemos vestidos, pantalones, camisas, trajes y las cosas que algún día quizás nos vuelvan a servir.

http://terrenero.blogspot.com/2011/06/armario.html

Es Tan Difícil

Hola Marcos:
Te escribo esta carta porque, francamente, a esta altura del juego ya no sé qué mas hacer. Cuando varios meses atrás me prometiste el cielo y la vida no te tomé en serio porque, ¿a quién se le ocurre ofrecer tales cosas? En tus ojitos verdi-azules noté ese tono ensoñador de los que saben muy poco de la vida, o sea, de la vida que vivimos aquí. Yo sé que conoces de la vida, después de todo no naciste ayer y, de hecho, tienes más años que yo. Pero mi vida ha sido dura, muy dura, muy pobre, muy jodida, lo que me hace una persona menos confiada, más cuidadosa y menos soñadora.

Verlo completo en http://terrenero.blogspot.com/2011/09/es-tan-dificil.html.

sábado, 9 de julio de 2011

Cuando Un Amigo Se Va, Te fuiste Facundo













Ayer Te Fuiste (a Facundo Cabral)


Ayer te fuiste sin pedirnos permiso.
Qué carajos!  Tampoco lo pidieron ellos,
los sicarios,
los que intentando hacer daño a uno
hirieron a todos nosotros.
Nosotros que aprendimos de ti los colores del dolor,
la esperanza de los sueños,
el joder de los jodones,
el joder de los jodidos,
la agonía de la vida,
todo con música y titiritando de poesías.
No te tocaba irte, ahorita no, quizás más tarde
como nos toda a todos nosotros,
a tientas, peleando, luchando, gritando y pataleando.
Tú te fuistes quizás hasta sin darte cuenta.
Nosotros, que ahora nos damos cuenta
debemos continuar la música 
y la poesía.
Tamaño encargo nos dejas, Facundo,
caramba, que ya demasiado pesada nos es la vida.
Pero en tu nombre la seguimos y junto a ti
ahora está Mercedes que hoy, en su cumpleaños, te da la bienvenida
donde quiera estés o vayas.
Nosotros nos quedamos aquí, Facundo,
pensando en ti.
Capaz que tú, en la muerte,
estarás mejor que nosotros, los que estamos en la vida.
Con toda la fuerza de la muerte y de la vida
te mando un beso y diez abrazos, de este lado del universo.
Y junto a mi hay millones más.
Prepárate, somos muchos, somos más,
los que te amamos en vida y ahora, te amamos en la desvida.

domingo, 2 de enero de 2011

Unicornio

Sigue siendo una de mis canciones favoritas.  "Unicornio", de Silvio Rodriguez.

Pesebre



Para Annette

Acurrucado en el pesebre de mis sueños
pensé en las mil cosas que haría si estuvieras aquí,
buscar la aguja en el pajar de tu placer,
hacerte cosquillas en el escondite de tus senos,
rondear el suave telar de tu cuello con mis dedos,
aprisionar la punta de tu lengua con mis labios,
correr mis codos por tus piernas,
cerrar tus ojos con mis besos,
alzar mis brazos junto a los tuyos,
bajar a la sima de tu interior
escalar la cima de tu amor,
rondear las curvas de tu espalda,
esconderme en los gemidos de tu boca,
plantar mis besos en tu bosque,
sofocar tu fuego con mis ojos,
hacer mil nubes con tus lágrimas,
secar el diluvio con tus cabellos,
esculpir tus caderas con mis manos,
perderme profundamente en tu locura
y despertar finalmente en tus brazos.

sábado, 1 de enero de 2011

Palabras


Adónde fueron las palabras que fugazmente reposé sobre el papel
de tu piel
se fueron con el trazo perfumado de la mariposa que esta mañana
compartió nuestro lar
o quizás no tuvieron tiempo de secarse
y se esfumaron
como los recuerdos de cosas que dijiste
y ya no son.
Se escondieron quizás debajo de la almohada
que escuchó tus gemidos
bastaron ojos prendidos en el éxtasis de ese amor
para descubrirlos
soñando, jugando, riendo, llorando; en fin,
palabras que no se las lleva el viento
sino que vuelven una y otra vez
que se prenden y se apagan
como el trino que escuché esta misma mañana
desde muy dentro hacia muy afuera
las palabras que tus dedos encribieron
en mi piel
y esas sí que no se pueden esconder.

Olas


No es tan difícil sentirse pequeño
basta acercarse al horizonte eterno del mar
caminar el sendero que se borra con cada ola
abrazar el viento que viene y que se va
constantemente.
Es igualmente fácil perderse en un pensamiento
el returno de sueños diurnos
fantasmas de ilusiones nocturnas
que queman surcos de emociones
entre nuestros dedos.
Lo mismo dá si vienen o van
si se acercan o se alejan
cada una lleva un toque de piel
se nos va un poco de sudor, de calor
en su retorno al mar.
Hay vida mientras las olas continúen
su vaivén inclemente de sol a sol
de luna en luna
de mar en mar
de piel en piel.

jueves, 30 de diciembre de 2010

El Toque


Cuando la sombra de tu sonrisa dobló por la esquina dejó tras de sí una estela de corazones ansiosos.  Seguiste caminando como si no pasara nada, pero los que miramos tu espalda comprendimos que tu sombra era la viva imagen del sol, lo iluminaba todo, lo brillaba todo, lo ardía todo.  Yo, el más pequeño de los que se embrujaron en tu abrazo, ardía más fuerte que el sol.

Lo que más me gusta de tu cuerpo es el sexo
Lo que más me gusta de tu sexo es la boca
Lo que más me gusta de tu boca es la lengua
Lo que más me gusta de tu lengua, es la palabra.
Julio Cortázar (argentino)
Te seguí sin conocer mis pasos, caminaba como si el suelo fuera nube, corrí como si el espacio fuera agua, respiré como si el aire fuera canela y miel.  Apenas unos pasos y me perdí en el embrujo de tu cadencia, el movimiento absurdo de algo tan bello que no debería estar sobre la tierra, de algo tan deseable que no hay fruto que se le compare, de algo tan contundente que no hay fuerzas suficientes para soportarlo.
a tientas hasta que una noche
se queda uno sin cómplices ni tacto
y a ciegas otra vez y para siempre
se introduce en un túnel o destino
que no se sabe dónde acaba.  
Mario Benedetti, “A tientas” (uruguayo)
Miraba sin ver, el ocaso de una ceguera creciente, dándome cuenta que el resplandor de mis deseos por ti era más fuerte que mi visión de la realidad.  Ciego de amor el mundo deja de ser lo que es, todo cambia, todo se transforma, todo se altera, lo que es deja de ser y lo que uno sueña desaparece para siempre.  Lo que queda es un sentimiento de limpieza total, todo se ha ido, sólo quedas tú y tu cadencia.  Qué mundo éste, uno lo creía real para darnos cuenta que sin ti nada existe.

No te amo como si fueras rosa de sal, topacio
o flecha de claveles que propagan el fuego:
te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
secretamente, entre la sombra y el alma.
Pablo Neruda, Soneto XVII (chileno)

No puedo seguirte más, debo parar mis pasos, cambiar rumbo, mirar en otra dirección, respirar otros aires, escuchar otras voces, sentir otros sueños, buscar otras cadencias.  Si no lo hago sería partir sin querer irme, morir sin desear cielo, vivir buscando vida.  Aunque sólo te veo de espaldas el enjambre de embrujos que rodea tu cuerpo es suficiente para enloquecer a todos los que te ven y te rodean.  Muchos caemoss en las trampas que se abren ante nuestros pies, se nos derrumban las ilusiones, nos sepultan los deseos imposibles, todo un mundo de imágines y esperanzas erupta hacia el fondo de la tierra.

No me importa si lo  hiciste ayer o siempre
Si al tomar del cáliz de este vértigo de besos
Llenaste tus labios con mi sangre, o quizás de miel,
Rebosante como caldera a punto de explotar.
Lo que quiero es saber la mentira detrás de la verdad
Si en verdad amas lo que hago
Cada vez que abres tus ojos para mirarme
Y me encuentras mirándote esa curva perfecta
 Detrás de tus orejas
Donde el lazo fatal de tus cabellos
Se esconde ante el toque de mis dedos
Como el pincel que esculpe una imagen eterna
Donde el perfume de tu piel derrama un elixir
De pánico sensual cuando beso tus lóbulos.
No me importa si lo hiciste ayer o antes de ayer
Cuando tiemblas así el tiempo no importa
Sólo basta sentirte, callada
O gritando, pero sentirte.
José Bourget, "Toque" (terrenero)

jueves, 23 de diciembre de 2010

Deseo



Si lees esto sabrás que pienso en ti
Que te deseo
La lujuria prohibida de poseerte
Cientos de besos que nunca serán
Miles de kilómetros entre tú y yo
Una vida de por medio
Espacios que nunca se juntarán
Pero pienso en ti
Y te deseo

Respirando



Me atreví a decirlo todo
Exhalando lo dije
Como el soplido del agua del té
Ansias de saborear el amargo de las hojas
Como el salado de tus hojas
Abiertas de par en par
Como se abren las nubes al paso del sol
O como se abre la playa para recibir al mar

Detrás de la Oreja




No me importa si lo  hiciste ayer o siempre
Si al tomar del cáliz de este vértigo de besos
Llenaste tus labios con mi sangre
O quizás de miel
Rebosante como caldera a punto de explotar.
Lo que quiero es saber la mentira detrás de la verdad
Si en verdad amas lo que hago
Cada vez que abres tus ojos para mirarme
Y me encuentras mirándote esa curva perfecta
Detrás de tus orejas
Donde el lazo fatal de tus cabellos
Se esconde ante el toque de mis dedos
Como el pincel que esculpe una imagen eterna
Donde el perfume de tu piel derrama un elixir
De pánico sensual cuando beso tus lóbulos.

No me importa si lo hiciste ayer o antes de ayer
Cuando tiemblas así el tiempo no importa
Sólo basta sentirte, callada
O gritando,
Pero sentirte.

La Palabra


















Lo que más me gusta de tu cuerpo es el sexo
Lo que más me gusta de tu sexo es la boca
Lo que más me gusta de tu boca es la lengua
Lo que más me gusta de tu lengua, es la palabra.

Julio Cortázar (Argentino)

lunes, 28 de septiembre de 2009

Atrévete

"A buen entendedor pocas palabras bastan."

Sólo Silvio

Tomados prestados de mi amigo Mario
www.poemadelunes.blogspot.com
www.quijoteurbano.blogspot.com


Requiem

Disfruté tanto tanto cada parte
y gocé tanto tanto cada todo
que me duele algo menos cuando partes
porque aquí te me quedas de algún modo.

Ojalá nunca sepas cuanto amaba
descubrirte los trillos de la entrega
y el secreto esplendor con que esperaba
tu reclamo de amor que ya no llega.

Anda, corre donde debas ir
anda, que te espera el porvenir.
Vuela,
que los cisnes están vivos
mi canto está conmigo
no tengo soledad.

Si uno fuera a llorar cuando termina
no alcanzaran las lágrimas a tanto
nuestras horas de amor casi divinas
es mejor despedirlas con un canto.

Anda, corre donde debas ir
anda, que te espera el porvenir.
Vuela,
que los cisnes están vivos
mi canto está conmigo
no tengo soledad.


El dulce abismo

Amada,
supón que me voy lejos
tan lejos
que olvidaré mi nombre
amada,
quizás soy otro hombre
más alto y menos viejo
que espera por si mismo
allá lejos,
allá trepando el dulce abismo

Amada,
supón que no hay remedio
remedio
es todo lo que intento
amada.
toma este pensamiento
colócalo en el centro
de todo el egoísmo
y ve que no hay
ausencia para el dulce abismo

Amada,
supón que en el olvido
la noche
me deja prisionero
amada,
habrá un lucero nuevo
que no estará vencido
de luz y de optimismo
y habrá un sinfín
latente bajo el dulce abismo

Amada,
la claridad me cerca
yo parto,
tu guardarás el huerto
amada,
regresaré despierto
otra mañana terca
de música y lirismo
regresaré
del sol que alumbra el dulce abismo

lunes, 11 de mayo de 2009

Ojos Brujos

(Pintura de Ureña Rib, ir aquí)

Imagínate reir a tu lado
en lugar de los momentos nunca compartidos
sentir el olvido pasar por las ramas de nuestras vidas ...
como el viento por el pinar oculto del pasado,
el susurro perfumado de emociones infantiles
pero puras
y
sublimes
dolidas y gozadas
sabiendo no recibir nada
excepto la sonrisa de ojos brujos
que sabían como negarme
del sueño profundo

lunes, 1 de septiembre de 2008

Mi Primer E-Book, "Soliloquios"

Obténgalo en Lulu.Com, directamente a http://www.lulu.com/content/3880651

Extractos:

1 Desnudez

En este espacio inverosímil de tiempo que llamamos vida se nos atraviesan momentos de espera a los cuales nadie puede atajar. Son como relámpagos en noche clara de lucha llena. Son extraños, imposibles, inquietantes y, sobretodo, indiferentes. El momento de espera puede ser fugaz. O eternamente presente…o ausente.
Cuando nos llega el tiempo nos contemplamos como somos: desnudos.
Y una vez descubrimos cuán desnudos estamos hacemos lo mismo que Eva: nos cubrimos.
La lucha de una vida entera se convierte en el mero afán de protegernos de nuestra propia desnudez. ………
Extraído de: Soliloquios, ©2008, José R. Bourget Tactuk

3 Breve Espacio

A todos nos llega un breve espacio en la vida en que nos llenamos de un aire de existencia incomparable. Para algunos ese breve espacio nos llega al encontrarnos con Dios, sea cual sea su definición, varón o hembra, espacio o fuerza, color o sentimientos. Para otros ese breve espacio se convierte en el recuerdo de un momento sublime, algo inesperado, totalmente deseado e impredeciblemente eterno, como un beso anticipado, un abrazo empedernido, una sonrisa apacible sobre un colchón sudoroso a quienes las sábanas abrazan como el cielo estrellado a fin de mayo.
……Extraído de: Soliloquios, ©2008, José R. Bourget Tactuk

5 Jessica

Jessica, en su última noche con nosotros, me recordó esos momentos vividos y olvidados, pero ciertamente los que dejaron huellas que nos hacen pensar y reflexionar acerca de lo que hacemos o no hacemos. Se me ocurre, si sabía que se estaba muriendo ¿Qué hubiera hecho? Es que ella no se veía tan mal, justo el día anterior la vacunamos. Pero ella no habló, no dijo nada, sólo me miró como si sabía que era la última vez que compartíamos un momento.
……Extraído de: Soliloquios, ©2008, José R. Bourget Tactuk

7 Lavando en el Río

Tal como esa experiencia, hay muchas realidades en la vida que nos llegan en un gotero, recibiéndolas gota a gota, para que no nos haga mucho daño. Las grandes sentimientos se suelen "parir," y casi siempre vienen acompañados de dolores de parto; de la misma manera, una vez paridos producen mucha felicidad, porque vemos el comienzo de una nueva vida interior, un nuevo sentir, un nuevo respeto y una mejor comprensión.
……Extraído de: Soliloquios, ©2008, José R. Bourget Tactuk

9 Tikkum Olam

Es imposible metérsele por dentro al político corrupto e incapaz, el que con la capacidad total de sus sentidos escoge no actuar o actuar mal ante las responsabilidades que pesan sobre sus hombros. Lo mismo se puede decir del abusador, del violador, del ladrón y de todo personaje que explota en nosotros las más absurdas emociones. ¿Qué hacer? Reparar, reparar, reparar, mejorar las cosas en la mejor manera que podamos.
……Extraído de: Soliloquios, ©2008, José R. Bourget

16 Educacion

Una parte esencial de la formación pedagógica del educador tiene que ver con el crecimiento y desarrollo personal y profesional, ya que un educador que cierra sus libros al graduarse y que no busca arribar a más altas cumbres está condenado a repetir numerosas veces su primer año de labor docente. Esto quiere decir que muchos en lugar de 15 años de experiencia lo que tienen es un año de experiencia repetidos 15 veces.
La ausencia de desarrollo personal y profesional en el educador se reflejará tanto en el aula (el currículo formal) como fuera del aula (el currículo informal).
……Extraído de: Soliloquios, ©2008, José R. Bourget

Partida
Te fuiste sin decirme adiós.
Sólo me diste un beso.
De pasada.
Como queriendo pellizcarme el alma.
Y me dejaste marcado
Con el furtivo abrazo de tu mirada,
De tu figura,
De tus recuerdos,
De tu amor.

……Extraído de: Soliloquios, ©2008, José R. Bourget

viernes, 29 de agosto de 2008

Versos en la Distancia

Escape
Nunca entendió mi alma.
Ni la suya.
No fue capaz.
Se negó a sí misma la belleza de su alma.
Y tuve que escapar
Para salvar la mía.

Enmarcando el Alma
Con la esperanza de un recuerdo
Y la alegría de un socorro
Acudo a la presencia de tu voz
Para escuchar el cálido susurro
De tu corazón en el mío..

Desasosiego
Háblame
En la pasión de un sueño fortuito
Con las ansias de un deseo escondido
Con las ganas de un alma sedienta
Con la fortaleza de una verdad
Con la razón de una mentira
Con el espíritu de un corazón
A punto de estallar
Entre conflictos, locuras y angustias.

Bésame
En la distancia de un encuentro de fantasía
Con el alma entre nuestros labios
Con el suspiro de un momento eterno
Con el último aliento sin sosiego
De un abrazo feroz, entre pecho y pecho
Entre cuerpo y cuerpo,
Lleno de amor, de pasión, de lujuria.

Tócame
Con los dedos espantados
Por el calor de una sangre que hierve
En tus venas cansadas
Y que busca en mi piel
La razón para amar otra vez
Para intentar otra vez
Para soñar otra vez
Para querer otra vez.

Acércate
Para darte lo que anhelas
Para entregarme a ti
En mis besos
En mi abrazo
En mi amor
Moviéndome dentro de ti
Con mi alma desnuda
Con un cuerpo hambriento del tuyo
Con mis manos debajo de tu piel
Haciéndote mujer
Haciéndome hermoso
Porque tú eres bella
Mujer.

Mil Sueños

Quisiera tocarte con las manos del ama,
Alcanzarte en un abrazo del corazón,
Llorar de alegría en tus brazos de amor
Y compartir mil sueños entre suspiros y besos
Entre cantos y sonatas,
Entre caminos de flores y de ilusiones.

No Sé
No sé por qué, ni como,
Y quizás no necesita saber
Dónde, ni cuándo;
Pero me tocaste,
Y llegaste muy dentro.

No te andaba buscando,
Pero te encontré;
Y quizás mi corazón
Que tanto anhela amor
E intimidad,
Te vió y se cegó
Con tu belleza de mujer
En cuerpo y alma.

Fue difícil no desearte
Y fue tan dulce besarte,
Robando tus besos ya brazos
En la soledad de la noche,
Entre rocas y arrecifes
Con la bruma del mar
Entre nuestros pies;
Con el cielo de testigo
Y la luna con su amparo
De luz plateada
Y su sonrisa de placer.

Fuiste una doncella misteriosa
Que me hizo feliz
Por breves momentos.
Y cuando te tuve en mis brazos
Escuché el susurro de tu voz,
Las ansias de tu cuerpo
Y la locura de tus besos.

No me andabas buscando
Pero me encontraste.
Estabas lejana pero te toqué.
Y ahora somos cautivos
De un encuentro
Que ninguno de los dos
Pudo evitar.

Tantas experiencias nos unen
Y tantas necesidades nos atan.
Qué bueno sería estar libres
Para soñar despiertos,
Para besarnos,
Para amarnos,
Para contar las estrellas
De nuevo junto al mar,
Con la bruma y la espuma
Entre nuestros pies.

Recuerdos de Mi
Te acordaste de mi cuando viste al extraño;
Un rostro desconocido en medio de muchos otros;
Un encuentro sin significado que nunca tuvo lugar;
Ni pasión, ni besos o abrazos;
Fue sólo un extraño.

Te acordaste de mi porque me tenías ausente.
Sin recuerdos de mis besos, de mis manos,
De mmis abrazos, de mis palabras y versos;
De mi dolor, de mi angustia,
De la agonía de tenerte sin tenerte,
De mis lágrimas y quejidos,
Del susurro de mi voz en tus oídos,
O del toque de mis labios en tus labios.
No hubo recuerdos, sólo ausencia y vacío.

Qué extraño que un extraño te acordara de mi.

Partida
Te fuiste sin decirme adiós.
Sólo me diste un beso.
De pasada.
Como queriendo pellizcarme el alma.
Y me dejaste marcado
Con el furtivo abrazo de tu mirada,
De tu figura,
De tus recuerdos,
De tu amor.

Calor
Me resulta difícil creer
Que tanto de ti se convirtiera en parte de mi
Al tocarnos;
Al besarnos;
Al hablarnos;
Al mirarnos el uno al otro.

Sentí tu clamor por mi amor,
Por mi comprensión,
Por mi paciencia y,
Sí,
Por mi pasión.
Sentí también tu lucha
Y la fuerza de conflictos que te rompen
Los bordes de tu ser.

Privilegiado soy de ser el que toca tu pelo,
Acaricia tus mejillas,
Besa tu cuello,
Rodea tu lengua,
Embriaga tu ser.

Tus labios me supieron tan dulces
Y fueron tan cálidos,
Cuánto desearía poder besarlos aquí,
Otra vez.

Quebranto
Me razga el alma pensar en ellos
En la ausencia de sus abrazos
Risas
Juegos
En el recuerdo de su compañía
Y en la bendición
De su presencia.
Me duele su ausencia
Y añoro sus miradas
Sus toques
Sus palabras
Los momentos de llantos
Y de alegría
Y el tierno idilio
De rostros angelicales
Y de almas despejadas
De pesares.

Ceguera
Abrí mis ojos a los misterios del amor
Y quedé ciego ante tu presencia.
Tu toque me curó y llenaste mi alma con nueva luz.
Viniste para crear esperanzas,
Castigando mis búsquedas incomprensibles
Y a bendecirme con tu amor.

Me Siento Así
Lo que siento por ti es como la ola del mar,
Incansablemente buscando su playa,
Brotando eternamente de la profundidad,
Escalando hacia el cielo para respirar y empezar otra vez,
Cautiva del horizonte sin esperanzas de un final
Porque no tiene límite,
No hay comienzo,
Estoy así de perdido en tu amor.

Lo que siento por ti es el ancla del buque
Agotado por su peso, cautivo de eslabones insolentes,
Hundiéndose irremediablemente
Hambriento del fondo del mar
Para allí descansar
Pero sólo para descubrir que no hay ni fondo
ni final.
Estoy así, sin fondo, en tu amor.

Lo que siento por ti es la hoja en el árbol,
Rehusando morir cuando el otoño la clama,
Peleando contra el viento que la arranca,
Resistiendo al árbol mismo que la empuja hacia el fin,
Ansiando simplemente la primavera eterna
Para nunca dejar de ser hoja,
Para nunca perder sus colores,
Para nunca decir adiós a su vida de hoja,
Entre millones de otras hojas.
Así de persistente es mi amor.

Lo que siento por ti es el azul del cielo,
Que viste de ensueños la montaña,
Rodeando en su sueño al pico más alto,
A las águilas encumbradas,
Al rayo de sol transparente,
Al silencio sideral del infinito,
Rodeando de pasión al sol
Capturando en su aliento al calor de sus rayos.
Así de tonto es mi amor.

Envidia
Tu rostro dulce, sereno;
Tus ovos vivos, profundos;
Tu pelo de oro, encendido;
Tu tez radiante, coqueta;
Eres tú.

Envidio al sol que besa tu rostro,
Al viento que nunca cesa de inquietar tus lágrimas,
A los dedos que arreglan tu pelo,
A la ropa que aprisiona tus encantos,
Al abrazo de sueños que compartes con tu almohada.

Nostalgia
Tengo nostalgia de ti, de tus palabras escritas y habladas, del olvidado sabor de tus besos y del también olvidado latir de tu pecho que nunca he podido abrazar como quisiera.
Tengo nostalgia de tu amor de mujer, de tus ñoñerías y caprichos, de tus verdades y mentiras, y del bendito perfume de tu cuello que nunca he podido oler excepto cuando me pierdo soñando despierto y soñando que estoy soñando.
Tengo nostalgia de escuchar tu voz que a veces asemeja a la de una niña y que otras veces asemeja a una mujer tan necesitada de amor como la persona más desdichada de esta tierra.
Tengo nostalgia de nuestros cortos momentos juntos cuando podía abrazar tus hombros y tocar tus manos, cuando jugaba a darte besos y tú a no quererlos.
Tengo nostalgia de nuestros momentos de soledad, de mirarnos el uno al otro y de contemplarte como queriendo comerte.

jueves, 3 de enero de 2008

La Fuente Interior

Hay un lugar dentro de nosotros el cual es la fuente de nuestras mayores reflexiones y de nuestros aprendizajes más profundos. Ese lugar es como un manantial, una fuente, el punto de inicio desde el cual obtenemos sabiduría y aprendemos de los misterios de la vida. Ese lugar no es un órgano, ni un hueso, ni un músculo. Por el contrario, es ese espacio invisible donde los pensamientos, las experiencias y los conocimientos convergen y crean conexiones significativas dentro del ser y fuera del mismo.

El desafío más grande para cualquier ser humano es encontrar ese espacio interior.
Es probable que las palabras ayuden a describir su capacidad plena pero nunca en su totalidad. Ciertas actividades ayudan a revelar lo que ha ocurrido adentro, pero a veces el mucho hacer y el mucho decir se convierten en humo que oculta lo que realmente podría estar ocurriendo en lo más profundo del ser. Inclusive, es posible conocer a mucha gente y hasta llevarse bien con todo el mundo, pero aún dentro del mar de muchedumbres que nos pueda rodear podríamos permanecer a solas como islas en un mar de caras sin rostros.

Alcanzar hasta el santuario de nuestro ser interior es muy difícil. A veces es hasta peligroso. Muchas personas que lo han logrado revelan que al llegar a lo más profundo de su ser experimentaron profundas transformaciones interiores.

Tales transformaciones son posibles solamente a través de la reflexión profunda. La reflexión es el acto de generar poderosas expresiones del ser como un mapa de posiciones internas que no pueden ser vistas con el ojo común. Reflexionar implica levantar un baluarte a favor de una manera de ser comunitaria, comunal, compartida y solidaria; es lo mismo que ser, hacer, ver, conocer y responder como si todas las personas que nos rodean formaran parte de nuestra comunidad de aprendizaje común. O sea, no sólo aprendemos lo que aprendemos sino que lo aprendemos en comunidad. A través de la reflexión es entonces posible adquirir el conocimiento que nos permite descubrir y entender lo que ocurre a nuestro alrededor, mientras que aclaramos las razones detrás de dilemas y problemas que nos aquejan a nosotros mismos o a los demás.

La reflexión ayuda a la persona a navegar entre dos fuerzas opuestas: lo que otros esperan de la persona y lo que la persona espera de sí misma. Es humanamente natural entrar en conflicto entre lo que creemos que es lo que se debe hacer y lo que otros desean que se haga. Lo que otros desean que se haga está generalmente escrito en las regulaciones o reglamentos y hasta en la manera informal en que grupos, partidos y organizaciones manifiestan sus preferencias. Pero lo interno de lo humano es difícilmente realizable a través de regulaciones o mandatos. Es posible cumplir con las regulaciones mientras se pierde de vista lo verdadero humano, lo verdaderamente íntegro, lo verdaderamente noble y lo verdaderamente elegante.

La reflexión es lo que permite descubrir el puente que nos lleva al lugar donde lo material y lo superficial pueden enriquecerse al entrar en contacto con lo noble y con lo espiritual.

Sin ese puente simplemente estaríamos corriendo de un lugar a otro, sabiendo que en base a nuestra experiencia y a la de otros lo superficial será mucho más facil y que muy pronto haremos residencia entre las veletas (que van por donde el viento sople) y los mediocres (que ni saben hacia dónde van ni van para ningún lado).

La reflexión comienza con escuchar. Escuchar profundamente. Pausadamente...
Escuchar más allá de las palabras. Escuchar hasta sin las palabras. Para reflexionar es necesario trascender, entrar dentro del terreno del otro, aún cuando el hacerlo pueda representar peligro personal. De hecho, es ese tipo de trascendencia la que ayuda a crear comunidad porque el movernos por encima de nuestras barreras personales y de nuestras concepciones internas es lo que nos ayuda a acercarnos más a los demás. El yo, al abandonar su círculo de protección, se adentra en el círculo del otro y de repente descubre nuevos mundos y nuevas experiencias. El resultado son las nuevas percepciones de la realidad. El regresar al yo personal se hace de una manera enriquecida, fortalecida, más noble y más honesta.

La acción transformadora es el resultado de haber trascendido hacia dentro del yo de los demás. El líder transformador ha aprendido que limitado a su ego y a su visión personal de las cosas su labor es empobrecedora, altanera y limitada. El líder común, el líder altanero, el líder soberbio no ha aprendido a beber del vino nuevo, sino que cubre su viejo vino con una cubierta nueva. Pensamos que beberíamos de un nuevo vino al ver la cubierta nueva, pero descubrimos que no hay nada nuevo dentro de la vejiga. Lo que crea al vino nuevo es la visión transformadora de las personas y de las cosas. Al abandonar al ego, el líder se transforma a una gestión de comunidad. No se puede hacer vino con una sola uva. El viñedo completo es responsable por el vino nuevo. El trabajo en comunidad crea al vino nuevo y al vino nuevo se le pone en cueros nuevos.

La elegancia es la característica del líder transformador para revestir sus acciones con la dulzura, la sencillez, la virtud, la simpleza y la dexteridad necesarias para que se haga lo que mejor se puede, con las mejores personas, beneficiando a la mayor cantidad de personas posibles, utilizando la menor cantidad de recursos, en el menor tiempo posible, con los mayores y más efectivos resultados alcanzables.

Y, por sobre todas las cosas la acción transformadora, la que guía al líder transformador, es la más pura y poderosa expresión de servicio al prójimo; es la más sensata vocación al bien; es el regalo más espléndido que se le puede dar a una organización, a una comunidad, a un pueblo o a una nación. Todo eso se logra al encontrarse ese espacio interior desde donde surgen, por medio de la reflexión, las más poderosas expresiones de bien, de paz, de misericordia, de honestidad, de sinceridad y de servicio.

viernes, 12 de octubre de 2007

Trozos


"La felicidad no es la ausencia de dolor, sino la presencia de gozo."
Atribuído a Epícuro.
Huecos
Quizás me pediste una locura
o me la exigí a mi mismo,
como un otoño forzado en primavera,
robando tiempo y sueños,
forzando cuentos y mentiras
pero con peso.
Sólo que me robaste todo,
aliento y fuerza,
como el sopetón de un rayo
que deja un hueco firme en el cielo,
y no llenaste lo que dejaste,
sino con palabras y promesas
difíciles de recordar y de cumplir.
Como lo ves, ya se fueron,
entremetidas en nubes y soles,
aires y mares,
estrellas sin fin
de otro firmamento.

Tardes Verdes
Por qué, si ya te ibas, me dijiste adios,
como para abusar de mis recuerdos;
de qué sirvió la mirada y las palabras y las promesas,
como si te las hubiera pedido para sentirme mejor;
quizás fue para algo en ti, que no quisiste decir o compartir,
como un regalo tan grande y valioso
que ninguno de los dos supo qué hacer
con lo que resultó ser;
fue como un sueño de sorpresa
en esas tardes verdes de verano.

Quince
No me acuerdo de los últimos quince minutos que pasé sin pensar en ti.
Regresas a mi mente con la tortura de cada cuarto de hora,
persistente,
como el goteo sobre techo de metal,
sonoro, hueco, monofónico, sin cesar.
Te vas y regresas cada cuarto de hora,
como olas de mar,
a veces me traes contigo como sin voluntad.
Mis recuerdos de ti son como la brisa que atravieza al flamboyán,
cada quince minutos y cada cuarto de hora.

Preguntas
Me pregunto qué ves cuando cierras tus ojos,
qué sueños diurnos se convierten en realidades nocturnas,
a menos que te hayas quedado sin memoria de mis besos
y de lo áspero en mis dedos y palma,
y sin recuerdos de lo que me hice sentir por ti.
Me pregunto si sonries cuando piensas en mi,
si sonries cuando sueñas sobre mi.
Y si lo haces, ¿qué ves?
Quizás no ves nada, no sueñas nada,
convertido como lo estoy en un fastasma de un pasado
que ambos nos preguntamos si de verdad existió,
de un futuro que nunca será,
de un presente que no es.
Entre estando y no estar,
entre siendo y no ser,
me escapo o un mundo de fantasia,
como un sol en plena noche,
figuras de nubes forzosamente destrozadas por el sol.
Así me cuelgas, entre sueño y realidad,
entre tocar y no sentir,
como sello de fuego entre labios hambrientos de un aliento tan vivo y tan feroz que no hay lluvia que lo apague.
Y cuando sueño de nuevos besos plasmados sobre tu piel…
me pregunto…

Si
Si me ves pensando es porque estoy pensando en ti
y si me ves sonrojado o cansado
es porque te he besado tantas veces
que ya no soy yo si no mis besos en ti.

Pétalos Añejos
Basta un momento de silencio
Para saber que entre tú y yo existe más
que día y noche, luz y sombra, paz y guerra.
Si me escuchas en ese silencio
es porque mi aliento de vida se ha quedado rezagado
ante el esfuerzo incalculable de suspirar dos cosas:
“te quiero lejos,” “te siento cerca,”
Nos vemos como frasco de flores marchitas
en el aposento de los recuerdos.
Esperamos la misericordia del que viene a tomar nuestros pétalos añejos
para fertilizar la tierra.
Un pétalo serás tú, el otro yo,
y al podrirnos juntos ya no serás ni tú, ni yo,
sino los dos.
Y al florecer de nuevo ya no seremos lo que éramos
sino lo que siempre deseamos ser:
color, perfume, sabor, pasión y deseo.
[Poema anterior inspirado en otro de Nazim Hikmet. Ver algunas de sus obras en español en http://amediavoz.com/hikmet.htm]

Niños
Quiero ser niño para aprender a amar sin rencor, sin caprichos y sin dolor. Quiero correr entre flores y mariposas, como retumbe de campana en la montaña, sin obstáculos ni frenos, sólo el placer de crecer, de sentir, de vivir, de reir y de añorar.

Tránsito
Párteme esta pena para que se abra mi alma en dos,
un lado para ti y el otro para este amor.
Si contemplo fuego y sol es porque te vi en la luz,
si mojo mi mano en aceite y sal es porque me diste tu sazón,
si vienes y vas es porque sabes andar con mis manos y mis pies.
Al subirte sobre mi esperanza me entregaste el lago de tus adentros.
Por ahí transito, el hálito de un sueño posado aún sobre los contornos de mis besos.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Espacio entre dos

Llegas como un sueño temprano, la estación del día cuando la fantasía es mejor que la realidad y el letargo de besos olvidados sabe a café con melao.

Cuando hablas me haces pensar en esas tardes en la loma cuando el viento sobre la ciénaga carece de mosquitos, pero pica igual en la piel como cuando tus besos se agarran de mi cuello, mis oídos y mis hombros. ¡Cómo te gusta morder el lóbulo de mis orejas, como a mazorcas de maíz con miel, el ruido de tus labios aumentando a manera en que desaparecen las semillas entre tus dientes!

Lo que más me quema es el subir y bajar ardiente de tus pechos sobre el mío, como ron añejo un día de playa y sol, el pico de sus formas construyendo canales de placer sobre mi piel, burbujeando espesamente como sangre vertida en el mar. ¡Ay! Si tan sólo pudiera capturar el momento así, como niebla en pleno sol, pero sé que ni el agua ni el viento se prestan a ser esclavos de nada ni de nadie y es por eso que aunque quemes y aunque arrebates placer y dolor todavía te escapas de mi piel, satisfecha sí, ansiosa aún más, siempre pidiendo más, siempre buscando más, siempre deseando más. ¿De dónde diablos eres fiera feroz, el gato salvaje que se ve de noche y escapa de día, pero igual está ahí, acechando siempre, rugiendo constantemente, oculta, silente, dirigiéndose pausada pero certeramente a su destino: mis brazos, mis besos, mi amor.

Al mismo tiempo me emborracha tenerte así, tu pelo sobre sábana azul cielo, una finca de seda y algodón cubierta por esa sonrisa pesquisa que sólo tú puedes entregar, como la niña malcriada que sabe ha hecho lo malo y sabe también que hace reir. Me gusta ver tu mano abierta colgada del aire como escapándose de la cama, como si el espacio no alcanza para la inmensidad de tu anatomía, formas y curvas que llenan forma y pensamiento y que son imposibles de limitar, como imposible es querer subir al cocotero con pies de capitalino. Para subir hay que saber bajar, pero cuando me haces subir, cuando sí puedo, me dejas allá arriba, en pleno éxtasis del cual es suicidio bajar, no sin antes preparar la caída, tener tus brazos para sostenerme, para tocarme, para decirme que está bién y que hay más en el mismo lugar donde encontré todo lo otro que me diste, que me das, que me darás.
Una hora, un día, una semana no es suficiente para este espacio entre los dos, se agotan los minutos entre besos, tu piel encallada en la mía, las trenzas de tu cabello amarrada entre mis dedos como ancla en mar bravo, una prisión que ni olas ni cambios de marea me pueden hacer soltar, porque es más fuerte la prisión de tus besos que el mar afuera o el mar adentro. Total, el mar sólo es agua y tú, tú también eres agua y viento y sol y nubes y luna y, también, playa solaz bajo luz de luna, frondas acostadas al mar abrigando con su canto el susurro de tu amor de arena, sal y piel.

Si alguna vez me he querido separar de este espacio entre los dos ha sido para soñar aún más, para creerme duende y héroe capaz de hacer mucho menos y mucho más, no sólo de verdad sino también de mentiras, que lo mismo da que sea cierto como que no lo sea, contigo no hay límites, ni piedad, ni verdad, ni mentira, sólo la presencia de tus ojos en los míos, un túnel directo al otro lado de la realidad infinita donde todo se puede y donde todo se abandona. ¿Te das cuenta cómo pasan las horas sin que se sientan, sin que las manecillas pesen en la gravedad del tiempo, sin que el día comience o acabe, porque tocarte es no tener fechas por donde andar ni por donde aferrarse a la vida?

¿Por qué me castigas así? ¿Por qué eres tan bella, tan dulce, tan besable, tan acariciable, tan comible, tan deseable? Dime si es algo que haces o algo que comes, si es algo en el aire o en el agua, quizás lo heredaste, quizás lo robaste por ahí o te lo dieron. Me parece que el alelí, no, el jazmín te regaló ese suspiro de piel que se me mete entre la nariz embriagando cuerpo y alma para luego azotarme entre piso y pared. No importa que me lo trague como un prófugo a la libertad, o que arda en mis labios como agua en desierto, o que me lo eche encima como cascadas de chocolate sobre la piel, el hecho es que hueles a placer, a amor loco de primavera, el que se disfruta en luna llena bajo cielo y sobre el mar. Jazmín, sí, pero también azucenas, y hasta miel de cayenas que no importando cuán escondida esté sólo basta abrir sus pétalos, rozar los dedos y se abrirá a ti en toda su espléndida sabrosura.

Cuando pienso en ello se hace agua mi boca, así de loco es pensar en ti, tu llegada impredecible pero certera, como el amanecer en un día de tormenta, trayendo nubes y viento, sol quizás, lluvia de seguro, frío un poco, pero sobre todo esa melancolía por el sol, por el calor, por la libertad de echar al fuego carne, sangre y cuerpos, perdidos en una pasión sin palabras pero con gritos, en susurros y llantos, en suspiros y en canciones. Me llegas como poesía en bruto, para tocarte y pulirte hasta que las palabras no duelan decirse y las fantasías no se oculten sobre la sábana azul cielo.

Este espacio entre dos. ¿Te ves ahí como te veo yo? Es tan fácil verte así, sólo basta abrir los ojos al horizonte y allí estarás tú. Llegas como un sueño temprano, la estación del día cuando la fantasía es mejor que la realidad y el letargo de besos olvidados sabe a café con leche.

Anclado en tus dedos

El toque de tu mano se perdió en mi alma como ancla enterrada en cemento y sal. Mis dedos buscaban el alma escondida entre dedos y palma, entregados a la sensual agonía de mis yemas y tus poros, besándose en pleno día, en plena noche, sin fin, sin principio y sin razón de ser.
Buscarte con mis dedos es una tarea de entrega total, no sin antes pensarlo bien, conociendo el riesgo de no poder regresar a una realidad intrusa y obtusa. Mi brazo se extiende hacia ti, mi mano se abre al escrutinio incansable de tu perfume en el viento y tu mano le sale al encuentro, abierta, ansiosa, deseosa, curiosa, enamorada. Mis dedos se mueven de izquierda a derecha, se encuentran con tus nudillos, el roce de tu piel haciendo estragos en mis sentidos, la energía de ambos capaz de alumbrar una ciudad y el murmullo de piel con piel es un concierto de olas en playa descalza.
Tocar tu mano es sinfonía sensual desenfrenada bajo cielo rojizo, nubes salvajes y viento incansable. El final del día ha llegado, pero nuestros cuerpos apenas empiezan sus notas de amor, de pasión, de besos, de caricias, de suspiros y de ansiedades. La noche que comienza es como postre servido antes de la cena, sabiendo que cuando nuestros dedos se encuentran la noche deja de ser noche y pierde todo sentido de tiempo, abriendo paso a una larga sesión de cosquillas, culebritas en la piel y fantasías de labios coronando tu piel.

Si tus dedos existen es porque debe existir también en el universo la esperanza de un encuentro que nunca termine, el éxtasis de sueños inconclusos de los que nunca se puede uno despertar. Y si tocarte es así de sencillo, así de trágico, así de imaginable entonces déjame que te toque no sólo los dedos, sino las teclas ocultas de tu corazón, para vivir dentro de mi la melodía de tu cuerpo, de tu alma y de tu ser como el finale de fuegos artificiales que perduran, como la bachata aún por escribirse, como el merengue perdido en la fantasía de tus curvas, de tus olores, de tus resguardos, de tu todo.
Mi alma se perdió para ser encontrada anclada en ti, sin poder despegarme para salir a flote, hundida en el mar de fuego que tus dedos despertaron en mi. No me quiero ir a ningún otro sitio, prefiero quedarme así, ahogado en el océano de tus besos, olas y arena de pasión sin fin, susurros de vientos y palmas en perfecta sincronía y sólo la bulla del pesar por no haber descubierto tus dedos mucho antes, en la vida anterior, en el espacio infinito de un sueño que aún falta descubrirse.

Y si te fueras


Despierto apenas al cerrar mis ojos,
No he dormido, no has estado aquí,
El vacío inmenso de tu almohada
Es como el color febril de tu ausencia.
Te fuiste.
Volviste.
Te quedas.
Te vas.
En el vaivén de tus movimientos te encuentro,
Me acerco a ti,
Te veo,
Te hablo,
Te encuentro.
Dijiste entonces “y si me fuera?”,
Y te contesté “nunca estarías sola.”
“¿Por qué?”, me dices.
“Porque es imposible que estés tú,
Sin mi.”
Si te vas pierdes tú más que yo,
Porque otro no tendrás como yo,
Y yo a ti te tendré siempre,
Estés o no estés.
Presente o ausente gano yo.
Si te fueras no importa.
Lo que importa es que estás aquí.
Tú sabes dónde.

Breve Espacio

A todos nos llega un breve espacio en la vida en que nos llenamos de un aire de existencia incomparable. Para algunos ese breve espacio nos llega al encontrarnos con Dios, sea cual sea su definición, varón o hembra, espacio o fuerza, color o sentimientos.
Para otros ese breve espacio se convierte en el recuerdo de un momento sublime, algo inesperado, totalmente deseado e impredeciblemente eterno, como un beso anticipado, un abrazo empedernido, una sonrisa apacible sobre un colchón sudoroso a quienes las sábanas abrazan como el cielo estrellado a fin de mayo.
Y para otros ese breve espacio de existencia incomparable pudo haber sido el abrazo de una madre, el cariño inigualable de una abuela, o la confianza impecable de un bebé aferrado a los brazos de su padre.

Años atrás caminaba por uno de esos breves espacios en la vida que nos llenan de pasión, humana, sólida, aterradora, pausada pero igualmente creciente, como una burbuja que rompe las entrañas queriendo salir para compartir su sonido, su esencia, su ardor. Montaba bicicleta bajo el cielo de Chicago, la ciudad de cuello azul del norte-centro norteamericano, amparado bajo uno de esas tardes que yo llamaba “Chicago-azul,” ese momento cuando el día parte para dar paso a la noche, pero siendo ni de día ni de noche lo que se ve es una brillantez alucinante reflejada en el espacio infinito, circundada por rascacielos y besada eternamente por el Lago Michigan que la entretiene, como si fuera una novia a distancia pero sentida muy de cerca.

En ese breve espacio aquella tarde de septiembre me tuve que parar al lado del lago para contemplar el nacimiento de mil estrellas que al mismo tiempo aparecieron en ese Chicago-azul-del-cielo como si hubieran sido llamadas por el duende de la noche, invitadas por las voces de millones de personas enamoradas del mismo lago, del mismo cielo, de la misma escena, del mismo espacio breve de la vida. Allí, en esa tarde de septiembre del 1993 me sorprendió una lágrima torpe que bajando por mi mejilla derecha me acordaba de unas cuerdas escondidas dentro de mi, las que tocan sinfonía curiosa, polifónica pero discorde, cada vez que me recuerdo de algo cuya melancolía no puedo reprimir.

En ese breve espacio de la vida recordé a mis hijos José y Salim y deseé que estuvieran conmigo. No estaban lejos, sólo al otro lado del lago, en Michigan, con su madre, de quien me había divorciado. Las roturas y groserías de la vida, de las que todos somos culpables, por más que traten no pueden romper fácilmente el amor de un padre por sus hijos. Quería tenerlos allí, bajo el mismo cielo Chicago-azul de septiembre, charlando, jugando, riendo, retozando con lo que fuera, a mi lado, al alcance de mi mano, de mi abrazo, de mi cuello, de mi corazón.

Ese momento melancólico pudo haber sido como muchos otros, como cuando me escondía en mi habitación en el segundo piso de la casa de mis abuelos, mirando hacia fuera, hacia esa montaña alta y siempre azul que besa todos los días al valle de Constanza. Parado ante ese marco artesanal, abriendo mis ojos al espacio frente a mi se me antojaba llorar por mi mamá, ausente, lejana, en Nueva York, buscando algo que nunca sabré qué fue, mientras mi hermana y yo compartíamos la ausencia de un hogar que no era más, que bien nunca realmente tuvimos y que profundamente deseábamos. O quizás fue como cuando se murió mi abuela Fifita, en Santo Domingo, mientras yo estaba en Michigan. Mi querida abuela Fifita, su muerte ocultada por tres días porque, según me dijo mi papá, no me lo quiso decir para que no dejara mis clases en la universidad en Michigan. Ya todo estaba terminado. Ella en su sepultura y yo sin saber nada.

Mi abuela se murió sentada, frente a su hija Nilka. Echó un suspiro, entregó al mundo su última mirada sin sonrisas ni enojos y se nos fue. Así de más. Los detalles los supe después, lo que yo sí recordaría baja el amparo de ese Chicago-azul de cielo en septiembre fueron los momentos compartidos con ella, a sus pies y bajo su mirada, los juegos e historias, las preguntas escondidas, las esperanzas de mejor vida—para mi—que desde su corazón hermoso se prendaban para mi.

En esos breves espacios de la vida, incomparables e incomprensibles, el humano se crece y se hace recordar de que más que cualquier otra cosa—material o inmaterial—la riqueza más nata y prendorosa, la princesa de todas las emociones, el trono superior de nuestra humanidad es cuando abrimos corazón al sentimiento sincero, pasional, amoroso, inigualablemente frágil pero certero, de que en el fondo somos vaso frágil, embuídos de sentimientos hacia aquellos a quienes las vida nos hace llamar hijos.

Todo se va pero en esos breves espacios de la vida queda esa conexión total y firme hacia nuestros hijos, ligados misteriosamente a través de lazos inexplicables pero poderosos y a ellos, a nuestros hijos, les entregamos a veces una lágrima solitaria y valiente, cayendo hacia el infinito del recuerdo, bajo un cielo Chicago-azul, una tarde de septiembre.

Merceditas

La primera vez que se me apretó el corazón por una muchacha fue mucho antes de Chavela, mi primer amor. Estaba jugando a los carritos con Carlitos en el balcón de mi casa cuando Merceditas, su prima, salió corriendo de su casa y se metió en la guagua estacionada frente a su casa. "¿Y para dónde se fue Merceditas?" Le pregunté a Carlitos, quien no me supo contestar excepto para decirme "déjame ir a ver." Momentos más tarde regresó.

Carlitos me sugirió que fuera a la guagua a ver lo que encontraba, mientras me miraba con una carita picarezca con tinte de diablo cojuelos. Yo abandoné la seguridad del balcón de mi casa y me adentré en territorio desconocido, cual explorador empedernido ante una inmensa selva. Me acuerdo como ahora que la guagua tenía tres escalones en la entrada. Era una GMC vieja, medio destartalada, con forros de vinil en los asientos y vidrios manchados en las ventanas. Pero como era la única guagua para transporte colectivo en el pueblo todos estaban conforme.

Tan pronto subí a la guagua de lo primero que me di cuenta era de que no había nadie. O, por lo menos, no se veía a nadie por el momento. Con unos pasitos de cucaracha comenzé a avanzar hacia la parte posterior mientras miraba de izquiera a derecha a cada uno de los asientos. Finalmente el suspenso terminó cuando noté que al final del pasillo, en el lugar cariñosamente conocido como "la cocina", había alguien. Era Merceditas, escondida detrás del último asiento como para que nadie la viera ni la sintiera.

Con su mano derecha hizo dos gestos: primero se llevó el índice derecho a la boca en señal de que guardara silencio y, el segundo, con el mismo índice me hizo señal de que me acercara. Yo no tenía la menor idea de lo que estaba ocurriendo. Finalmente, al acercarme a su rostro, la malvá muchacha me tiró el brazo al cuello y me dió el primer beso de mi vida, apuntando y acertando directamente entre mis labios. Su boca me supo a azúcar y después de ese momento inquietante, inesperado, lleno de nerviosismo y de un placer hasta ese entonces desconocido, Merceditas salió corriendo de la guagua y me dejó allí plantado en la nada y en el todo, con un sentimiento tan indescriptible que sólo se puede comparar a un sueño profundo y apacible.

Sólo me tomó unos instantes para darme cuenta de lo que había sucedido. Merceditas, al verme en el balcón jugando con su primo, había corrido hacia lo cocina y se echó una cucharada de azúcar en la boca, luego siguió corriendo y se metió en la guagua y allí me esperó. Pienso que su primo Carlitos sabía algo de lo que estaba ocurriendo ya que él fué quien me sugirió que fuera a descubrir lo que podría estar ocurriendo.

Ese beso dulce, enmelao, azucarado, secreto, regalado y a la vez robado, fue mi primer beso y les confieso, amigos todos, que nunca me he podido olvidar de él. Yo apenas tenía 9 indefensos añitos y así de zopetón se me abrieron los ojos hacia la vasta inmensidad de la vida, hacia las sorpresas que me aguardaban detrás de asientos, puertas, cortinas, paredes y matas. Quién me diría que Merceditas me dejaría marcado con el deseo inaudito y constante de recibir otro beso tan dulce como el que ella me regaló ese día. Aunque era muy joven entonces y estoy hecho un viejo ahora, sé muy dentro de mi alma que nunca he recibido ni recibiré otro beso como ese. No sólo por el alto contenido de azúcar de esos labios tiernos, vírgenes y coquetos, sino por lo que ofrecieron en aventura insospechada, en sueños de tortura interminable en los días que siguieron y por la incógnita que dejaron en cuanto a su significado, no sólo sobre el significado del beso mismo, sino también sobre la vida, el amor, el placer, la lujuria, y sobre los secretos infinitos e inconclusos que existen entre varones y hembras.

Merceditas, me dejaste sellado con la lápida de un beso preñado de ilusiones, de sospechas, de deseos y de ignorancia. No sabía lo que hacía pero tú parecías saberlo todo. Me diste de tu merced, Merceditas, por lo que ahora sólo me queda repetir tu nombre en esos momentos en que el recuerdo añejo de labios azucarados me tortura hasta hacerme perder la noción del tiempo. Entonces me veo nuevamente en la cocina de esa guagua bendita, agachándome junto a ti, viendo a tu índice prometiéndome una sorpresa repleta de sensaciones que hasta hoy han quedado conmigo y que no desaparecerán jamás.

Desnudez


En este espacio inverosímil de tiempo que llamamos vida se nos atraviesan momentos de espera a los cuales nadie puede atajar. Son como relámpagos en noche clara de lucha llena. Son extraños, imposibles, inquietantes y, sobretodo, indiferentes.

El momento de espera puede ser fugaz. O eternamente presente…o ausente.

Cuando nos llega el tiempo nos contemplamos como somos: desnudos. Y una vez descubrimos cuán desnudos estamos hacemos lo mismo que Eva: nos cubrimos. La lucha de una vida entera se convierte en el mero afán de protegernos de nuestra propia desnudez.

Se cubre el niño porque se le ha dicho que se tape. Se cubre la niña porque se le ha dicho que nadie debe verla. Se cubre el adolescente para no verse menos, ni más. Se cubre el hombre por costumbre, se cubre la mujer por ternura. Se cubre el ladrón para no ser visto. Se cubre el político con lo que hace para que no se vea lo que no hace. Se cubre el débil con su bocaza vulgar para que no se le note que es perro que ladra pero no muerde. Se cubre el rudo para que no se le vea que tiene alma también y, más que todo, se cubre el feo para que sólo se le vea lo bonito que tiene.

Nos cubrimos todos.

Y de todo lo que nos cubrimos lo más necesario es cubrirnos de nuestra nostalgia, de ese ángel intruso que se nos aparece para llevarnos cerca a cualquier sitio que nos recuerde de alguien a quien hemos amado mucho. Nos confronta con las palabras, los perfumes, los suspiros, los deseos, los llamados, los sueños y las esperanzas del otro ser con quien compartimos nuestra desnudez. A esa persona a quien le revelamos todo, a quien le dijimos algo que está más cerca de nuestra alma que nuestra propia existencia.

¿Te acuerdas? Le dijiste todo, hasta lo más profundo, tus miedos, tus pesadillas, tus deseos, tus más profundos deseos. Y hoy viene el ángel de la melancolía para recordarte que la próxima vez debes cubrirte tu desnudez un poco mejor. Tantas veces nos visita el ángel que terminamos cubriéndonos todo. No sólo nos cubrimos los ojos evitando mirar a los otros ojos, no sólo cubrimos nuestros oídos pretendiendo no oir ni bueno ni malo, no sólo cubrimos nuestros pechos para no dar de nuestra leche, sino que también nos cubrimos el alma para que después nadie nos diga que nos desnudamos fácilmente ante cualquiera que se aparezca ofreciéndonos amor.

La desnudez.
Mal aprendimos a que la desnudez es solamente sexual y a que debe ser atrayente y apetecible. Se nos olvidó el grito primal de juntar piel con el vacío sideral, unidos con todo y separados por nada. Prefiero la vida sin ángel de la melancolía, para que la desnudez sea permanente, sensata, libre y célebre para no tener que pasar por todas las etapas del maquillaje corporal, perdiendo lo que verdaderamente somos ante los ojos de los demás.

Nacimos desnudos y no importa cuánto nos pongan encima también nos moriremos desnudos. La vida es un largo trayecto del desnudo al desnudo. Viva la desnudez.